En Pentecostés, celebramos la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles como primicias de la nueva creación y manifestación de la Iglesia ante el mundo. Esta efusión continua del Espíritu Santo da vida y une a la Iglesia como el único Cuerpo de Cristo, hasta el día de hoy. A través del don del Espíritu Santo, que permitió a todos los reunidos en Jerusalén, procedentes de diversas partes del mundo, escuchar y comprender la predicación de los apóstoles en su lengua materna, Dios pone de relieve lo que fue revelado por primera vez por la estrella que guió a los Reyes Magos: ¡la salvación es para todos los pueblos y naciones!
Aunque venimos de diferentes lugares y culturas, el Espíritu Santo nos hace uno en la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Por lo tanto, nos reunimos para dar gracias a Dios por esta manifestación de su amor. Al mismo tiempo, oramos para que, al seguir humildemente las indicaciones del Espíritu Santo, podamos estar más perfectamente unidos a Cristo y entre nosotros como miembros de su cuerpo. Esperamos con ansias el día en que todos seamos uno en Cristo.
Este año, en San Alberto Magno, celebraremos Pentecostés de una manera que nos ayude a recordar que somos hechos uno en el Cuerpo de Cristo a través del don del Espíritu Santo. En la Vigilia de Pentecostés (sábado por la noche), la Iglesia ofrece la opción de una vigilia prolongada muy similar a la Vigilia de Pascua. Durante la Vigilia prolongada de Pentecostés, escuchamos en varias lecturas el plan que Dios tuvo desde el principio para unir y dar vida a toda la humanidad a través del Espíritu Santo. Como parroquia, celebraremos esta Vigilia prolongada de Pentecostés de una manera que celebre cómo Dios une las diversas culturas de nuestros feligreses en el único Cuerpo de Cristo. En lugar de nuestras dos misas habituales del sábado por la noche, celebraremos una vigilia a las 6:00 p. m. Esta misa de vigilia será multilingüe, con las seis lecturas proclamadas en los diferentes idiomas de nuestros feligreses. Invitamos a quienes asistan a vestir su atuendo tradicional para que seamos un recordatorio visible de cómo Dios llama a toda la humanidad a ser una en Cristo, unida por el Espíritu Santo.